Yo no soy Valdiviano

Yo no soy Valdiviano............ Ni tampoco Sureño............... No me llueve en Verano......... Ni me creo Alemán............ Huaso Conchesumadre...

miércoles, mayo 03, 2006

Univer City [4]

El primer año que estuve aquí fue bastante fácil porque yo venía de otra U. O sea, yo era un “Convalidado”. En el segundo, me puse las pilas, y para juntar plata hice unas ayudantías que agarré por suerte (también me sirvió para conocer “bien” a mis alumnas). En el tercero, hice la confirmación en la carrera. O se sale uno ahora, o apechuga hasta el final. Eso es lo que los estudiantes llamamos “La Crisis del Tercer Año”. Y ahora estoy en el cuarto. El peor de todos. Y la razón se llama “atraso”.



¿Quién de nosotros, estudiantes normales, no se ha echado un ramo alguna vez?. No voy a escarbar en los motivos de ese lamentable suceso que los padres a veces no conocen (profesores, falta de estudio, etc.), sino que me referiré a sus consecuencias. El lamentable “atraso”.

Ahora resulta que no estoy ni en cuarto ni en tercero, estoy completamente perdido en la malla de la carrera. Estoy en cuarto año, pero académicamente estoy en tercero. Quiero tomar varios ramos de carrera y no puedo porque me eché un desagradable “pre-requisito”. Odio esos ramos. Típico que más encima los hacen una vez al año. Y ni hablar de adelantar ramos, eso es un pecado. Mi Director de Escuela me mira como si no me escuchara. “Es el reglamento”, me dice. Y yo pienso: “el reglamento para que alguien se lleve la plata que voy a pagar de más”.

Y eso es la parte buena. Hoy fui a inscribir ramos para el segundo semestre y adivinen lo que pasó. Lo peor. Tengo “tope de horario”. Mi cabeza hierve pensando en el trámite que tendré que hacer. Primero conversar con mi director de escuela para que me deje tomar el ramo conflictivo, luego ir a conversar con los profesores (por que siempre ese ramo conflictivo tiene asistencia obligatoria), y de ahí a inscribirme ya cuando todos mis compañeros ya estén en clases. Y la cosa se pone más negra.

Resulta que el Miércoles tengo clases toda el día, con un único descanso de 4 a 6. Y más encima en la mañana tengo todas las clases en el Miraflores, pero a las 10 tengo en el Conservatorio. Este sí que es un castigo divino. El poco tiempo entre clase y clase supuestamente es para despejarse, pero para mí será para correr, ya que no hay micros entre esos dos lugares. ¡Y eso si no llueve!, que significaría llegar tarde a las clases y un resfrío seguro. Saca chaqueta mojada, pone chaqueta mojada. En mi casa ni se imaginan por lo que tengo que pasar, y después el infaltable tío te dice: ¡Tanto que te falta!.

Afortunadamente este año me tocó un pedazo de cielo. El Viernes luego de toda la mañana con el Santa en Laboratorio de Física III, no tengo más clases. Y si hay sol, el Botánico me espera con sus verdes brazos abiertos. Y ya en Septiembre empiezan a vender Cola de Mono en el CTL. Inclusive se puede divisar en el horizonte del fin de semana, la Playa Grande de Niebla. La vida del estudiante es dura y miserable, sobre todo en Valdivia. Pero estamos obligados a revertir esa situación.