Univer City [1]
Me bajo del bus en el terminal de Valdivia una mañana de Marzo del '90. Me quedo mirando el río un momento pensando qué es lo que hago en este lugar. He viajado toda la noche, como premonición de lo que tendré que hacer los próximos 5 años. De repente una voz aparece. Es la Claudia. La conocí en la parada que hizo el bus en Talca. Ella va en tercero de Construcción y me da las primeras indicaciones. La Isla Teja está acá, el Campus Miraflores allá. Voy con un dato de pensión, y ella me indica la micro que tengo que tomar. Es la número 3. Micros de un sólo número. Creo que no me perderé.

Llego a la esperada pensión, pero en vez de eso me encuentro con una casa cuyas pequeñas piezas están separadas por unos paneles de terciado. Tengo un compañero de pieza que estudia Naval. Me dice que mi carrera antes estaba en la Teja, pero ahora está en el Miraflores. Menos verde y menos minas, me dice. Está equivocado, todavía estamos en la Teja. Para subirme el ánimo, camino hacia el centro con la intención de ver la vida de la ciudad. Camino y camino. No veo mucha gente, pero el paisaje es genial. El río y todo eso, pero de vida, nada. Otra vez más pienso que no estaba tan mal en la otra U. Al menos en la Santa María estaba cerca de la casa. Aquí estoy a 1000 kilómetros de mi casa. Es decir, estoy solo.
Primer día de clases. Mi segundo "primer día" de clases. Todos mis compañeros son 3 años menores que yo. Decido en un segundo sacar la carrera lo más pronto posible. Hablo con la profesora para convalidar ramos. Un solo y largo trámite, pero ya soy un “Convalidado”. Me convalidaron casi todos los ramos, pero este primer semestre no puedo adelantar nada. Así que tengo sólo 3 ramos. Introducción, Lectura Musical, y Musisonología, que es como una apreciación musical. Tengo clases sólo 3 días en la semana, así que supongo que estaré algo relajado.
Voy a clases y aún no conozco a mis compañeros, hasta que llega el día del “mechoneo”. Estoy decidido a faltar ese día. Aunque en la otra U no tuve mechoneo, mi idea es no tener ninguno. Pero me equivoco y falto un día antes. Estamos todos en el Conservatorio cuando el profesor sale y hace pasar a los de segundo. No alcanzo a salir corriendo. El líder de los de segundo nos da la bienvenida y nos tranquiliza indicando que los Acústicos no cortan el pelo. Nos tiñen un mechón de pelo, pero viene lo peor. ¡Sáquense un zapato y la ropa!, dice alguien. ¡Y pónganse estas bolsas de basura como pañal!. Al menos aquí nadie me conoce, pienso. Luego de llevarnos en esa facha hasta la plaza para pedir luca cada uno, nos llevan a la Isla Teja donde nos devolverán la ropa. Llegamos muertos de frío y hay más sorpresas.
Una competencia entre cada dos mechones de quién toma vino "al secante". Llega mi turno y el de un mechón que se ve casi de la edad de mi hermano chico. Yo gano, pero me doy cuenta que no es sólo un mal vino como yo pensaba, sino que es vino con grapa. Es el llamado “Chupicidio” de los Acústicos. Con el transcurrir de los minutos, nos vamos haciendo todos amigos, conversando lo que nos une a todos: el gusto por la música. Escucho que algunos pelean por la cantidad de cintas que tienen, mientras otros se debaten entre cuán malo es Roxette. Yo por mi parte, me he hecho amigo de los otros dos “Convalidados”, uno de la USACH y el otro de la Chile. Y terminamos la celebración con un saldo de 10 mechones en el suelo y uno en el Hospital. Yo aparte de vaciar el estómago un par de veces, me siento bien.
Y aún no sé lo que estoy haciendo aquí.

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